miércoles, 11 de noviembre de 2009

MARTES 10 DE NOV /WILD9

Tuve la oportunidad de colarme al Wild9 con la ayuda de un amigo fotógrafo que me cedió su pase. En verdad que hubiera matado por estar todos los días y en todos los eventos escuchando las conferencias, viendo las imágenes y compartiendo voces con personas de tan distintas culturas pero con un mismo sentido: conservar hasta donde se pueda, con cualquier medio y donde sea, a nuestro planeta.

Contenidos trascendentales como la experiencia de comunidades indígenas que han logrado valorar económicamente (y conservar) sus tierras nativas a partir de la combinación de conocimientos ecológicos tradicionales, factores culturales intangibles, mediante un nuevo enfoque en la percepción de los servicios ambientales.

También el taller para redactores y escritores, con experiencias exitosas y recientes en el tema del uso de las letras, la imagen y los nuevos medios para la difusión del estatus de las intensas batallas ambientales. El impacto del proyecto electrónico de comunicación verde de la joven canadiense Yourianne Plante; las emotivas y certeras reflexiones del editor más importante sobre vida silvestre y ecología de la India, el brillante y transparente Bittu Sahgal. La fuerza guerrera de Kat Haber, su mirada inquisidora de viento que bordea la pradera.

Mención a parte merece la posibilidad de ser testigo de la firma de la Declaración de Mérida en el Wild9, de puño de los íconos mundiales de la lucha por la Tierra. No acostumbro fotografiar las poses tipo equipo de futbol, pero ellos serían La Liga de la Justicia Ambiental, Los V-Men, El Green-Dream Team (pinche inglés, que cagado suena). Ahí estaban quienes llevan años generando espacios y compartiendo fuerzas, quienes dedican todo latido a la defensa de la vida de los ecosistemas y los animales que sostienen la dinámica original de este planeta.

También hay que reconocer el lento baile de imágenes del Everest en la retrospectiva de quince años: sus nieves eternas ya no tanto, las caras de Buda que escaparon de la Revolución Cultural, el color rojo-amarillo y las grandes pupilas, las banderas del deseo, todo ello se transforma inevitablemente por los efectos del cambio climático. La melodía del adiós, luz-piedra-melancolía, sinfonía dirigida por la lente de los fotógrafos de la Conservación.

Ah! Demasiada cafeína de información, tan poco tiempo, tanto que conocer y qué tanto en México desconocemos. Sin demeritar los esfuerzos, sigue siendo lamentablemente insuficiente. Con la política nacional ambiental supeditada a la macro-economía que orquestan las transnacionales, como país, tocaremos fondo antes de entenderlo. ¡No hay que preocuparse ya falta poco!, no importar la condición económica ni nada de esas estupideces. Al lugar a donde vayan tus hijos también llegará lo que resultó de la combinación de la Revolución Industrial, de la ambición económica y de la apatía de quienes permanecen aún sin hacer algo.


PD: Fue un error ir sin desayunar y con poco dinero. El café orgánico que vendían unos señores de Oaxaca, estaba tan potente que con un vaso doble, estuve como perro corriendo por la calle hasta las once de la noche.

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